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sábado, 18 de abril de 2026

EL CANAL DE PANAMÁ Y SU SISTEMA DE ESCLUSAS COMO METÁFORA DEL EQUILIBRIO MONETARIO PERPETUO DE PANAMÁ SIN BANCO CENTRAL

 


El Dr. Rafael Acevedo, director de Econintech, me compartió una metáfora brillante para explicar por qué Panamá, al no tener banco central, no ha sufrido históricamente ni excesos ni escasez de dinero que generen choques inflacionarios o deflacionarios.

La comparación es con el funcionamiento de las esclusas del Canal de Panamá.

Cada día, más de 70 barcos atraviesan el istmo, movilizando cerca del 8% del comercio mundial. Este flujo constante de mercancías exige un sistema eficiente, preciso y equilibrado. Las esclusas permiten elevar o descender los barcos entre el océano Pacífico y el mar Caribe mediante un control exacto del nivel del agua.

Ese mismo principio —flujo, ajuste y equilibrio— se refleja en el sistema monetario panameño.

La naturaleza fue generosa con Panamá: su posición geográfica lo convirtió en un punto clave del comercio global. Esta dinámica económica exigía una moneda confiable, capaz de facilitar el intercambio internacional.

En este contexto, Don Justo Arosemena planteó ideas adelantadas a su tiempo. En sus escritos, influenciado por la Conferencia Internacional Monetaria de 1867, propuso la adopción de una unidad monetaria basada en el oro, que sirviera como referencia común para el comercio internacional. Incluso sugirió que en América podría adoptarse un “Colón de oro” como unidad de cuenta.

Posteriormente, en su ensayo “Moneda en el Istmo” (1894), Arosemena profundiza esta idea: una moneda basada en el oro, no necesariamente como respaldo físico en bóvedas, sino como referencia de valor para facilitar el intercambio entre monedas de distintos países, todos ellos operando bajo el patrón oro clásico.

Este enfoque anticipa, de forma conceptual, el sistema que Panamá adoptaría tras su independencia de Colombia: una economía sin banco central, sin prestamista de última instancia y sin controles estatales sobre la entrada y salida de capitales ni sobre las tasas de interés.

En este sistema, el equilibrio monetario no es impuesto, sino que surge de forma espontánea.

Cuando los bancos en Panamá tienen exceso de liquidez, esos fondos fluyen hacia el exterior en busca de mejores rendimientos. Esto ocurre porque, internamente, la demanda por ese dinero es menor.

Por el contrario, cuando hay escasez de dinero y la demanda aumenta, los bancos traen capital desde sus casas matrices o mercados internacionales para cubrir esa necesidad.

Este ajuste automático es equivalente al funcionamiento de las esclusas:
el agua sube o baja según la necesidad del sistema, manteniendo siempre el equilibrio.

Ese es el “equilibrio monetario perpetuo” de Panamá. No hay autoridad central manipulando la cantidad de dinero. No hay decisiones discrecionales.
Solo flujo, ajuste y equilibrio. El resultado es evidente: más de un siglo de estabilidad monetaria, con una inflación promedio anual que históricamente se ha mantenido alrededor o por debajo del 2.5%.

La metáfora del Dr. Acevedo no solo es elegante, sino profundamente explicativa:
un sistema descentralizado, abierto y conectado al mundo tiende naturalmente al equilibrio.

Para cerrar, dejo una pregunta a los economistas keynesianos:

¿Realmente necesitan sus países un banco central?

Probablemente, Don Justo Arosemena respondería con una frase simple y contundente:

“Los hechos son el argumento más poderoso, porque son irrefutables.”






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